El verano tiene normalmente un efecto bastante negativo en mí desde que tengo memoria. Coincide con mi natalicio y las crisis, replanteos y balances se complotan todas juntas para explotar como una tormenta. Transcribo algo que escribí por ahí en un archivo en este verano con un tinte terriblemente sombrío:
"El tiempo pasa pero siento que retrocede. ¿O está
estancado? Una idea me persigue como una
picadura molesta. La muerte voluntaria me acosa sin melodramas ni poesías,
tranquila, no como una solución sino como una simple encogida de hombros. No se
lo he dicho a nadie pero he pasado las ultimas 24 horas encerrada en mi
habitación. Me distraigo, veo una serie, me río, pero de pie, a mi lado,
silenciosa y paciente me sonríe al lado de la cama. No es depresión sino
absoluta abulia, la sensación de que nunca voy a conseguir nada. Todo este
camino recorrido no ha sido mío, sólo el camino de mis padres, de las
expectativas de mi sociedad. Pero he sabido amoldarme tan bien y confundirlo
con mis verdaderos deseos que siento que es para lo único para lo que sirvo.
Soy buena para estudiar, para sacarme buenas notas, para hablar de los
problemas sociales y la lingüística. Soy buena para escribir un artículo de
investigación que se publique en el extranjero. En verdad soy buena para decir
lo que los profesores quieren escuchar. Pero mis libros siguen avergonzados ahí en
lo más recondito de mi computadora, los proyectos que me gustan siguen sin
terminar, y no he sido capaz de que me tomen en serio para el trabajo o el
amor.
No quiero seguir viviendo, no quiero levantarme todos los
días sabiendo que tengo que hacer un camino que no quiero. No quiero saber que
nunca voy a cumplir mis sueños porque no soy lo suficientemente buena."
No hay comentarios:
Publicar un comentario