domingo, 29 de julio de 2012
Dibujarte
No sé por qué a veces no me animo a publicar en este espacio. Tengo miedo que alguien lo descubra, supongo. Esto es algo que escribí hace casi dos meses ya, aunque haya perdido la fecha.
Tengo ganas de dibujarte. Podría pasarme la tarde entera recorriendo las líneas de tu rostro, concentrada en las sombras de tu barba creciente, en tus pestañas alargadas, en la cicatriz en tu nariz. El pelo me llevaría más tiempo, siempre rebelde, aunque me gusta más cuando está empapado de transpiración. Te dibujaría sonriendo, me gusta tu sonrisa, los dientes autenticamente desordenados. Pero me detendría en tus ojos, ¿cómo podría dibujar un gesto?, tus ojitos mirando para arriba, suspirando pícaros. Podría pasarme todo el día, la brisa fría que quiere colarse por la ventana es la excusa perfecta. Sé que es algo peligroso, un juego que no me animo a jugar del todo. Tengo miedo de quedar atrapada fuera del papel donde los recuerdos se queman con la combustión del olvido. Si tengo ahí tu imagen en mi escritorio, tu imagen hecha por mí misma, hecha por la memoria de mis dedos y mis ojos. Si te tengo ahí, en el escritorio, todavía no me animo a dibujarme a tu lado. Tengo miedo porque, aunque no quiera admitirlo, eso es lo que quiero. ¿Es demasiado pronto?, capaz que sí, eso me aterra. Ya me había acostumbrado a no estar en ningún papel, ya he regalado todos mis dibujos anteriores, nunca me quedé con ninguno.
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