domingo, 29 de julio de 2012

Dibujarte


 No sé por qué a veces no me animo a publicar en este espacio. Tengo miedo que alguien lo descubra, supongo. Esto es algo que escribí hace casi dos meses ya, aunque haya perdido la fecha.

Tengo ganas de dibujarte. Podría pasarme la tarde entera recorriendo las líneas de tu rostro, concentrada en las sombras de tu barba creciente, en tus pestañas alargadas, en la cicatriz en tu nariz. El pelo me llevaría más tiempo, siempre rebelde, aunque me gusta más cuando está empapado de transpiración. Te dibujaría sonriendo, me gusta tu sonrisa, los dientes autenticamente desordenados. Pero me detendría en tus ojos, ¿cómo podría dibujar un gesto?, tus ojitos mirando para arriba, suspirando pícaros. Podría pasarme todo el día, la brisa fría que quiere colarse por la ventana es la excusa perfecta. Sé que es algo peligroso, un juego que no me animo a jugar del todo. Tengo miedo de quedar atrapada fuera del papel donde los recuerdos se queman con la combustión del olvido. Si tengo ahí tu imagen en mi escritorio, tu imagen hecha por mí misma, hecha por la memoria de mis dedos y mis ojos. Si te tengo ahí, en el escritorio, todavía no me animo a dibujarme a tu lado. Tengo miedo porque, aunque no quiera admitirlo, eso es lo que quiero. ¿Es demasiado pronto?, capaz que sí, eso me aterra. Ya me había acostumbrado a no estar en ningún papel, ya he regalado todos mis dibujos anteriores, nunca me quedé con ninguno.

lunes, 16 de julio de 2012

Verano


El verano tiene normalmente un efecto bastante negativo en mí desde que tengo memoria. Coincide con mi natalicio y las crisis, replanteos y balances se complotan todas juntas para explotar como una tormenta. Transcribo algo que escribí por ahí en un archivo en este verano con un tinte terriblemente sombrío:
"El tiempo pasa pero siento que retrocede. ¿O está estancado?  Una idea me persigue como una picadura molesta. La muerte voluntaria me acosa sin melodramas ni poesías, tranquila, no como una solución sino como una simple encogida de hombros. No se lo he dicho a nadie pero he pasado las ultimas 24 horas encerrada en mi habitación. Me distraigo, veo una serie, me río, pero de pie, a mi lado, silenciosa y paciente me sonríe al lado de la cama. No es depresión sino absoluta abulia, la sensación de que nunca voy a conseguir nada. Todo este camino recorrido no ha sido mío, sólo el camino de mis padres, de las expectativas de mi sociedad. Pero he sabido amoldarme tan bien y confundirlo con mis verdaderos deseos que siento que es para lo único para lo que sirvo. Soy buena para estudiar, para sacarme buenas notas, para hablar de los problemas sociales y la lingüística. Soy buena para escribir un artículo de investigación que se publique en el extranjero. En verdad soy buena para decir lo que los profesores quieren escuchar. Pero mis libros siguen avergonzados ahí en lo más recondito de mi computadora, los proyectos que me gustan siguen sin terminar, y no he sido capaz de que me tomen en serio para el trabajo o el amor.  
No quiero seguir viviendo, no quiero levantarme todos los días sabiendo que tengo que hacer un camino que no quiero. No quiero saber que nunca voy a cumplir mis sueños porque no soy lo suficientemente buena."

Tuti


Me gustaba el papel tapiz de la casa de mi abuela en la calle Córdoba. Era blanco con flores pequeñas y tenía relieve. Me gustaba mirar las rayas de luz que entraban por la persiana en la noche y ver como se movían cuando pasaba un auto. Me gustaba el olor de su ropero. Los platitos colgados de adorno en el comedor. Me gustaba morder las fotografías. Me gustaba estar con mi abuela.  La extraño mucho. Me gustaría animarme a llamarla.