Ayer a la mañana nos encontramos con mi mamá para tomar el 100 en el centro. Por diferentes circunstancias, no habíamos podido charlar todavía sobre el impacto que nos causó la noticia del nieto de Estela. Con la impunidad del anonimato, pasamos la primera media hora del viaje contándonos lo que cada una había visto y sentido ayer. Los mensajes con mi tío que vive en España, la sensación de felicidad, emoción y esperanza, las declaraciones de Estela de Carlotto en la tele, las muchas "casualidades" que parecían haber anunciado la noticia. "Estela tiene ochenta y cuatro años y podría haber muerto, como muchas, antes de encontrarlo" me dice mi mamá. "Como Pirucha Campopianno que murió sin haber presenciado la Megacausa, sin haber recibido Justicia por su hijo" le digo. Se nos va la vida en la lucha. Cuántas abuelas se nos han ido sin encontrar a sus nietos, cuántas madres sin Justicia, cuántos de nosotros seguimos esperando que "aparezca", que se sepa la Verdad.
No podía parar de llorar mientras la escuchaba a Estela. "Esto es para los que quieren dar vuelta la página" “No quería morirme sin abrazarlo”… Cuando pienso en Laura, en esos últimos momentos con su hijo antes que se lo arranquen de los brazos, se me hace un nudo en la garganta. Me imagino la desesperación de no saber qué le iban a hacer, a dónde se lo llevaban y que en el mejor de los casos se lo "entregaban" a una familia para ser criado bajo otra ideología, para que se "salve" de ser "zurdito".
Cuando ya llegábamos a Yerba Buena, una mujer agarró a mi mamá del brazo. Con la voz temblorosa y los ojos llorosos nos dijo que nos había escuchado todo el camino. “Yo soy ex desaparecida”, dijo. Y a mí me quedan resonando sus palabras. Como Guido, ella también es “ex desaparecida”, alguien que fue extirpada de su mundo y vuelta a encontrar. No nos dijo su nombre. No hacía falta, sentimos su misma emoción.
El abrazo de Estela y Guido es el de una esperanza. La esperanza para los que todavía esperamos, para los que seguimos buscando. Porque como Guido yo pertenezco a la generación que creció sin abuela, a la generación a la que le arrancaron la familia de los brazos.
