Llega Diciembre y los balances, balanzas y reuniones de fin
de año. Cuando miro hacia atrás me
parece que fue un año difícil, después de todo éste fue el año en que conocí al
monstruo. Quisiera que eso nunca hubiera sucedido; cuanto más lo pienso, más
asco y bronca siento. Aunque una no tiene la culpa de conocer monstruos, ellos
llegan nomás y se quieren instalar, la culpa está en no correrlos a tiempo. Por qué será que a los héroes y heroínas siempre les dicen "cuidado, cuidado" y ellos van derechito a la cueva del dragón, ciegos como murcielagos.
Este monstruo, por ejemplo, llegó a convertirme en su esclava, en un molusco amorfo lleno de
pústulas y sin voluntad. Me aterra pensar que eso pueda ocurrirme de
nuevo. Mis amigos me dicen que no sea negativa,
al fin y al cabo pude derrotarlo en tan solo dos meses. Me gustaría sentir eso
mismo, pero sé que él todavía me acecha a la espera de mi más leve debilidad.
Además, otros querrán tomar su lugar y esta es una lucha de nunca acabar. Si
sabré de monstruos yo; tengo una colección en el placard. Los he conocido gusanos de todos los tipos:
membrillos, azules, blancos. Los he conocido conejos blancos también, aunque de esos
por suerte no tuve más que una visita casual. Si tuviera que hacer una reseña
investigativa debo advertir que ser el objeto de pruebas no es lo más saludable. Son muy
difíciles de clasificar además ya que el universo de monstruosidades que habitan la tierra es vasto e inagotable, así que no puedo explayarme demasiado en el
tema.