viernes, 9 de diciembre de 2011
Navidad
lunes, 8 de agosto de 2011
un año después
Hace exactamente un año era mi último día en Inglaterra. Siempre trato de pensar las fechas y los momentos como simbólicamente significativos, por eso siempre tuve la ilusión de que vencido el plazo de un año mis sentimientos expirarían como vence una boleta de la luz o un pote de yogurt. Tal vez si me animara a hablar más seguido sobre lo mucho que me ocupa el pensamiento… Me viene a la mente un estado de ánimo que por suerte ya siento ajeno. Mi soledad paseándose por Regens Park o Hyde Park en un día soleado. Llorando sentada en la fuente de Picadilly Circus rodeada de la más completa indiferencia, como si mi llanto no fuera más que una incomodidad o una caca de paloma que hay que esquivar. Ingleses de mierda. Se me viene a la mente ese día como un torbellino de recuerdos mezclados, siempre tuve miedo al olvido pero no me animé a escribirlo hasta ahora. Recuerdo una piza que comimos y Mark se olvidó de pagar, ¿fue la noche anterior? Era seguro cuando ya estaba todo mal. Otra comida en un pub cerca de Saint Pauls, una especie de tarta rellena con algo muy feo y seguro tenía brócoli como ensalada. Una advertencia: la comida inglesa es horrible. Ahí fue cuando le pregunté “¿will I see you again?” y él me contestó “I don’t know” mientras tomábamos un trago con alcohol a las tres de la tarde. Después nos sentamos en el pasto al costado de la iglesia. Los dos llorábamos amargamente, él me decía que se sentía un inútil y que tenía miedo de que pasara un año y darse cuenta que se había equivocado. Bueno, el tiempo ha pasado y él no ha cambiado su decisión. En cambio, se va a cruzar el Atlántico en un velero con tres amigos y hasta dice que me va a mandar una postal desde Portugal, ja! Y mientras él deja la tierra yo me la paso durmiendo y comiendo y haciendo esfuerzos sobrehumanos por encontrar motivaciones y no dejarme arrastrar por la abulia.
Esos últimos días me los acuerdo con bastante detalle. El paseo en bote hasta Grenweech, o el paseo en el London Eye, super romantico dirían ustedes, bueno, la verdad es que me sabe más a patético. Intentaba disfrutarlo pero estaba tan feliz como un enfermo terminal que conoce el día exacto de su muerte. Y yo siempre tratando de dejar una huella permanente, escribiendo cartas de despedida, buscando el regalo perfecto para que no me pudiera olvidar, para que se arrepintiera de su error, para que me diera una oportunidad. Repito, patética.
¿Qué nos había pasado en ese mes? Yo intentaba encontrarle una explicación a su decepción, a mí desesperación. Caminando de vuelta a la casa pasamos por Little Venice y él me hizo notar que parecía que había pasado muchísimo más tiempo desde la tarde que yo llegué y caminamos hasta las 10 pm cuando todavía era de día. En treinta días hicimos muchísimas cosas, me hizo conocer a toda su familia y hasta tuvimos una luna de miel en Bath. Ayer justo mientras andaba en bicicleta por una senda aquí en Yerba Buena me acordaba del paseo en bici al lado del río en Oxford y la siesta en el pasto después del tremendo Suday Lunch. O cuando cantábamos “you are just too good to be true” en la noche frente al canal principal del río de Bath, siempre con ese sentido romántico de burla. Las palabras eran en serio pero jugábamos a que no lo eran. El mundo me parecía perfecto entonces, toda mi vida parecía haberme conducido a ese momento. No voy a contar todas las cosas que hicimos, todas las cosas que me acuerdo. Ante todo fue un mes de contrastes. Por supuesto que Inglaterra me despidió de la única forma en que podía hacerlo: con lluvia. Caminamos hasta la estación de trenes la mayor parte en silencio bajo una molesta llovizna. Yo quería llegar a mi casa y ver a mi mamá y a Laurita y poder al fin desahogarme en mi propio idioma. En el tren a Heathrow yo lloraba, no un llanto espasmódico sino lágrimas silenciosas. De vez en cuando a Mark también le caían algunas lágrimas. La despedida fue dolorosa, pedí un sándwich en el aeropuerto y me sentí muy decepcionada, nunca las cosas son como uno espera que sean, especialmente en Inglaterra donde el jamón el pan y el queso nunca hacían la combinación culinaria que yo imaginaba. Tampoco Mark, a decir verdad, tampoco el mes que yo había planificado. La charla fue en torno a los mejores y peores momentos que pasamos juntos en esos treinta días. Me había quedado un sabor a cebolla de la comida, se acercaba la hora de la despedida definitiva. Mark me ofreció cinco libras por cualquier cosa que necesitara dentro de la sala de espera cuando pasara los controles. Todavía las tengo guardadas. Miró el reloj y bajamos las escaleras en silencio. Ya habíamos despachado mi mochila. Hicimos la cola juntos como si los dos fuésemos a viajar. Antes de mostrar el pasaje y el pasaporte nos besamos. Fue un beso largo y apasionado, el mejor beso en mucho tiempo. El también lo sintió así y me dijo que si era el último había sido muy bueno. Tenía muchas ganas de llorar pero no sentía ningún nudo en la garganta, tenía más bien un sentido trágico, como si al cruzar los controles me esperara la muerte. Nos abrazamos con fuerza y creo que lo besé en la frente y le dije que lo amaba. Mi último recuerdo es él despidiéndome con la mano, yo sintiendo mi cara contorsionándose hinchada y colorada y señalándome el corazón con la mano. No creo que volvamos a vernos de nuevo.
martes, 19 de julio de 2011
mi abuelito

Hoy es el cumpleaños septuagésimo tercero de mi abuelito. Hace casi un mes nos hizo pegar un susto tremendo: una cirugía menor, laparoscópica y ambulatoria, paro cardíaco y coma. Un hombre sanísimo que corre todos los días que no fuma ni es diabético que lleva una vida de proyectos y viajes y hace dos años se tiró de parapente. Quien se hubiera imaginado. Hoy celebra su natalicio y su renacimiento; así lo dijo él.
Esos días en la terapia fueron divertidos. Mi abuelito despertó del coma completamente desinhibido. Un edema cerebral le produjo una borrachera mental de cuatro días. Me dijo que parezco Carlitos Balá con mi corte de pelo y que mi vieja tenía una peluca. Veía hormigas en las paredes y estaba convencido de estar llegando al jumbo a comprar vino. “Esta noche vamos al teatro con Poto” me dijo “aunque me parece que no voy a ir mejor”. Creo que me preguntó 14 veces cuando rendía y otras 18 le preguntó a mi hermana como le había ido en la escuela. La historia del hombre que se despertó en la terapia bajo los efectos de la anestesia llamando a la amante la contó creo que 45 veces. Era un plato, un hombre completamente diferente, verborrágico y risueño. Se paseaba por los recuerdos como si viajara en el tiempo y hablaba de cosas que ya habían pasado hace muchos años como si fueran el presente. Sumado a mi abuelito, la terapia era sin dudas un lugar fértil para el humor negro. Había al lado de su cama una señora “a mí me a internado el doctor Autino y un doctor petizo de bigotes que está ahí junto a nosotros” Sí, mi abuelo, el doctor Reynaga compartía la terapia con sus pacientes, un pronóstico que no parecía muy alentador para ellos, para los que dicen que los médicos no sienten empatía. Lo mejor fue el señor que le reclamaba al médico “doctor yo tengo piernas verdad? Digamé si tengo piernas” El médico le dice “sí, sí tiene piernas” El paciente se da vuelta y mirando a la pared asegura “¿has visto? Te he dicho que yo sí tengo piernas” No pude reprimir la carcajada. A veces no te queda otra, o te reís o llorás.
lunes, 18 de julio de 2011
serpientes, brujas y aburrimiento
He guardado silencio en este espacio durante meses. Cuando pienso escribir algo aquí me parece demasiado personal o demasiado superficial. Imagino que me gustaría encontrar un personaje, una máscara a la cual acomodarme. Una que me deje decir cosas inteligentes, palabras sabrosas y hasta interesantes. He sabido esconderme lo suficiente, haciendo de este espacio un lugar más que nada profesional. Hoy siento la necesidad de dejarme de formalidades y contar algo. Voy a empezar con un sueño. Los sueños son en mi vida a veces la experiencia más excitante de mi día. No es que haya tenido siempre una vida aburrida, pero sí, en el último tiempo me he dejado devorar por la apatía. En fin, yo estaba en la casa de mi tío. Estaba estudiando creo y no había nadie. Una bruja, una adolescente como de 15 años llegaba gritando para evitar la tragedia. Había un loro, mugre y platos rotos, creo que también un perro. La chica no estaba sola, me daba miedo. Había varios tipos que tenían unas carpas y habían violado mujeres o querían secuestrarme y violarme. Algo terrible iba a suceder en cualquier momento y la chica lo sabía. Iba a ser mi culpa por supuesto, desde el momento en que impedí que la joven bruja evitara que sus predicciones se hicieran realidad había abierto la puerta a la muerte. La chica se fue llorando y rompiendo platos y sentí que un horrible miedo me acorralaba. Con pasos temblorosos abrí la puerta del baño. Una niña de menos de un año estaba ahogada en la bañera sumergida en un líquido viscoso marrón. La casa estaba llena de sangre, todos los hijos habían muerto asesinados. Yo me daba cuenta que había dejado pasar a la serpiente, había dejado la puerta abierta. Un monstruo gigante de unos siete metros de largo que podía tragar a una persona adulta había entrado a la casa desde el momento en que yo abrí la puerta. La joven bruja lloraba y yo comprendía que ella podría haberlo evitado, porque, después de todo, ella ya lo sabía. La serpiente me perseguía y yo me escondía en un auto destruido y trataba de hacerlo arrancar. El bicho iba a matar a todos, iba a ser mi culpa. Salté al fondo de la casa y subí a la copa de un árbol, yo podía volar pero no podía huir muy alto, no iba a dejar a todos morirse por mi culpa. Salté desde el árbol a la tapia y la serpiente volaba y saltaba también, iba a matarme. Me desperté. Era noche cerrada y una sensación horrible que me acompañó todo el día me refrescaba los miedos de la infancia. Quería dormirme para soñar otra cosa. Mi psicóloga va a darse un festín con esto seguramente, pero yo le voy a decir que anoche vi de nuevo Harry Potter, la serpiente era un basilisco, la chica bruja era una adolescente embarazada muerta en una película de Cronenberg, lo demás sólo mi retorcida imaginación.
miércoles, 12 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
casting para cris morena
Este fue un simple ejercicio práctico en las clases de Dintino de Lenguaje Audiovisual que derivó en algo muy gracioso, espero que lo disfruten
http://www.youtube.com/watch?v=hNdq0DtcA5s
El pub de las cosas perdidas
sábado, 8 de enero de 2011
RUIDO MARRON
Equipo tecnico:
Guion y dirección: Patricio García
Asistencia de dirección: Mariana Plesa, Gabriela Fiore
Producción: Javier Maidana
Asistencia de producción: Andrea Salinas, Gloria Díaz
cámara: Juanjo Acosta, Andrea Salinas, Patricio García, Pablo Ricci
Asistencia de cámaras: Anita Daneri
Dirección de Fotografía: Federico Del Pero
Equipo de Arte: Ana Daneri, Ana Arias, Ana Alonso, Mariana Plesa, Alina Waizinger, María Rossi, Lourdes Dieguez
Vestuario y Maquillaje: María Cecilia García
Animación: Patricio García, Rosalba Mariabella
Dirección de Sonido: Juan Manuel Albornoz
Montaje: Matías Gerez Leavy
Elenco:
voz en off: Ricardo Podaza
Guido Guerrero: General y sujeto de pruebas
oscar Zamora: entrevistado
Agustín Toscano: Miguelito Petardo
Martín Cerizuela: panadero
Alina Waizinger, Maia Tarcic: Fabriola
Pablo Latapie: manco y mimo
Gerardo Vieyra y Bruno Díaz: mimos
Daniela Canseco: la doña
Cristian Sosa: niño
Angelica García: niña
Jesica Caram y Mariana Plesa: Artistas locales
http://www.youtube.com/watch?v=pc89f0TY3Ts

