viernes, 2 de octubre de 2015

"El negocio de mi vida"


Después de un día agotador y con tres bolsos con luces y una cámara encima, extiendo la mano para tomar un taxi. El cómodo silencio del tachero me reconforta: ninguna charla vacía sobre el clima u opiniones fascistas sobre los pobres. A dos cuadras de mi casa, sin embargo, una escena cotidiana me conmueve y soy yo la que inicia la charla. "Pobrecito" se me escapa al ver al caballo viejo y exhausto que aprovecha los segundos de semáforo en rojo para descansar.
"¿Sabe que yo hice el negocio de mi vida con un caballo?" me dice como si hubiera estado esperando que pase el animal para contarme.
El primo tenía un caballo y lo tenía casi muerto. Las patas quebradas, muerto de hambre, lo usaba de carga, me cuenta, así como el que acabábamos de ver. Por 300 pesos lo compra sin más intenciones que curarlo. Un veterinario amigo lo opera en San Javier y le pone dos clavos enormes en el fémur. En unos meses de comida abundante y reposo el caballo se había convertido en un saludable y gigantesco semental. Por un tiempo lo tuvieron de mascota, nada de carga ni trabajo. Cuando lo vio el primo no podía creer, "hee, este estaba para sacrificarlo!".
La apuesta era de cinco mil pesos. El primo quería probarle que su caballo era el mejor incluso con los cuidados que había tenido el taxista con el suyo. Fueron al hipódromo. Más de curioso que otra cosa, me explica. Nunca lo había visto correr pero era enorme, si le viera el tamaño usted. Y cuando estaba detrás de la caballeriza estaba como un tiro por salir. Abrieron la puerta y salió disparado, como cuatro cuerpos le sacó al otro.
Hasta ahí la historia de los cinco mil pesos contra los trecientos me parecía suficiente "negocio". Pero un gaucho estaba viendo la carrera.
Hace ya como quince minutos que estamos frente a la puerta de mi edificio y yo sigo ahí en el taxi, no quiero perderme el final de la historia.
_¿Ese caballo es suyo, maestro?", le pregunta el gaucho. _No lo haga correr, lo va arruinar
_No, era de mi primo y lo tenía tirado, lo hacía carga cosas, ve?. Solo he venio a molestarlo a este nomás porque me ha hecho una apuesta.
El gaucho ahí le ofrece el negocio de su vida, 50 mil pesos por el caballo que él había comprado a 300. El taxista me cuenta que ahí nomás llama a su mujer para consultarle qué hacer. Se lo venden y con esa platita pudieron empezar la casa.
El caballo tenía lindo porte, me explica, era "coqueto", caminaba con paso elegante y el gaucho lo quería para los desfiles. "Ahí lo he visto el otro día en la procesión de la Merced", me cuenta.
"Tienen que hacerle un monumento en la casa" alcanzo a opinar yo.


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